Esperad que es lo que pasa! Por medio de la muchedumbre llevan a Jesús preso mientras Pedro cumple con la profecía que el Señor le había dicho horas atrás, “antes de que el gallo cante dos veces me habrás negado tres”.

Cuánto bien hizo Don Francisco García Gallardo cuando nos encomendó a la hermandad que devolviéramos a nuestro padre Jesús Nazareno de la Misericordia al culto. Dejaste de ser una figura dañada por el tiempo y casi olvidada para ser faro que nos guía y norte de muchos jóvenes que llegan a ti buscando ese maestro que los comprende y ampara.

Vuelve Señor cada año a pasar entre la muchedumbre siempre con el izquierdo por delante, vuelve para conceder la misericordia y el perdón que cada uno de nosotros necesitamos por negarte tantas veces a lo largo de los años. ¿Cuántos Judas de la vida siguen pidiendo a gritos que se libre a Barrabás? Y sin embargo Tú, con esa mirada dulce de ternura, sigues perdonando.

Un barco va sin motor
Que son hombres quienes lo llevan
Anda con tal precisión
Que va suave sobre la marea
Corazones palpitando
De cuadrilla costalera
Lleva la túnica bordada
Con puntadas de arte y gracia torera
Lleva potencias de plata
Para realzar su grandeza
y en el rostro y su mirada
La misericordia lleva
y cuando sale a la calle
Al son de esa banda tan señera
Va derramando el perdón
Al compás de las cornetas
Señor de la Misericordia
De Santiago eres bandera
y eres Rey de tu hermandad
y de todita Écija entera.

Es hora de hablar de mi casa. En ella me acogieron hace ya muchos años y me enamoré de sus muros y ventanas, sus patios y sus rincones, sus luces y sus sombras, sus fachadas, su torre, sus palmeras, sus naranjos y lo más importante, lo que guarda, a Jesús que está expirando tras una reja forjada en un retablo de oro, marco para la estampa de un crucificado herido que nos está entregando todo y que se le escapa hasta el alma. Es tanta la perfección y tanta la belleza que el momento sublime parece que no llegará nunca y esa forma de morir que tienes Señor hace que los que te queremos, cuando nos mandan, demos una zancada larga elevándote hasta el cielo para hacerte respirar.

Tuve a mi padre en las manos en la hora de su muerte y cuando llegó el momento último como tú, tomó aliento, retuvo el aire y al expirar abrió los ojos al cielo para encontrarte. Por eso, cuando he tenido la oportunidad de tenerte cerca y limpiar tu cuerpo maltratado con un pañuelo he sentido que vivía en ti, he llorado sabiendo que estaba contigo y en tu cuerpo de madera me ha parecido escuchar su corazón.
Tengo el orgullo que mi nombre estará siempre dentro de su cuerpo como también lo están los rayos de luz que a través de las ventanas más altas del templo, cuando está custodiado por cuatro hachones de cera, reflejan su rostro y bañan su cara divina.

Que se calle el pueblo entero
Que no susurre ni el viento
Que es el Cristo de la Expiración
El que se viene muriendo

Que no hay consuelo en el mundo
Para un corazón sabiendo
Que no hay muerte más injusta
Que la de Dios en silencio
Se apagaron las estrellas
El cielo se cubrió de negro
Nube de llanto, de lágrimas
Momento entre los momentos
Suspiro de Expiración
De éste mi Cristo moreno.

Y ahora punto y aparte. Entre el altar mayor y la sala de tacas, en la nave de la epístola, una capilla que guarda a la madre de Dios, a la Señora, a la Reina de Santiago, a mi Virgen de los Dolores. Es mi cobijo en los malos momentos, es mi alegría diaria, es mi madre de los cielos, hablo con ella, la piropeo como una madre, le pido tanto y tanto me da que no sé cómo pagarle. Me llamó a sus plantas cuando ni siquiera la conocía; se fijó en mí, me cubrió con su manto y aquí estoy al lado suyo. Me ha permitido crear una familia que trabaja junta cada Martes Santo bajo los faldones de su paso, su cuadrilla de costaleros, hombres que la quieren tanto como yo mismo y le demuestran su amor con mecidas de gloria y levantadas que hacen que las estrellas del cielo alumbren su cara bendita.

Son tantos los sentimientos, tanto el amor, que la devoción que sienten es una fuente inagotable de cariño y respeto, son tantas las razones por las que están ahí que llegado el momento cuando las compartimos, compartimos el corazón. Todos tienen motivos para estar bajo sus plantas, son los elegidos y yo sé de muchas de sus circunstancias pero queda entre nosotros como si fuera secreto de confesión. Cuando las fuerzas fallan les hablo de nuestro secreto, ellos responden poniendo el corazón en el costal, apretando la faja y derrochando elegancia en sus andares para que la madre de Dios vaya majestuosa y llena de belleza. Duro con ella valiente, ¡que guapa vas madre mía!, vamos a echarle casta, ¡al cielo con ella valiente!, ¡más suave la mecida, venga de frente mi alma!. O como decía su costalero Pablo que hoy está con ella en el cielo: “más despacio que va llorando y se le caen las lágrimas”.

Y cuando el Martes Santo pasamos por Capuchinos los ángeles de Écija salen a su encuentro para consolarla con voces dulces como el caramelo, las hermanas de los pobres, bendita Santa Ángela que las iluminas para que sigan tu camino. Corazones entregados a Dios cuando se refleja en los más pobres, sufriendo con ellos sin esperar nada a cambio, tan solo una sonrisa; y allí, parece que el jardín de flores blancas que es el paso de mi Virgen toma vida y ella con el corazón partido por una daga y sus ojos mirando al cielo busca entre las estrellas lo que solo ella puede ver: Sus manos finas y delicadas sujetan el rosario y el pañuelo con tanto primor que hacen más llevaderos los símbolos del dolor y el consuelo.

Se de tantos que la quieren que siento celos. Limpian la plata de su paso, cuidan de ella en su camarín, le rezan con la devoción que dejan ver en sus rostros llenos de amor cuando miran su cara, la visten como se viste a una madre y cada alfilerito es un beso de una hija que recuerda a todos los que hoy ya no están con ella y le pide que no la olviden, que desde los balcones del cielo le llegue la inspiración para ponerla más guapa.

Muda se queda la fuente
Cuando pasas por su lado
y hasta brota el azahar
Al verte pasar de largo
La brisa de las callejas
Que mueve los limoneros
Cuando roza tus mejillas
Tiene fragancias de cielo
y la noche que retiene
A tu paso las estrellas
Las deja caer una a una
En tu caminar de reina
Dolorosa de Santiago
La madre de Écija entera
Déjame subir al cielo
Para coger las estrellas
y hacerte un pañuelo bordado
Para secarte la pena
Déjame ser tu consuelo
Debajo de la trabajadera
Convertirme en alpargata
Para los pies de una reina
Que quiero llevarte despacio
Entregando mi fe entera
Que quiero mecerte suave
y estarme siempre a tu vera
Que ya reina el azahar
Que es Martes Santo Señora
Que ya soy tu costalero
Que tú nunca estarás sola
Que lo hago por amor
A la madre de Dios que llora
Que no quiero recompensa
Que solo quiero el cariño
y estarme siempre a tu vera
Igual que cuando era un niño
y que cuando pase el tiempo
y me llames ya contigo
Llamaré a las puertas del cielo
y al verme por un ladito
Le digas a San Pedro, ¡Abre!
Que siempre estuvo conmigo
Que éste fue mi costalero
Que éste fue uno de mi niños.

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